Jun 10, 2019
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Educación

La Importancia de Aprender Jugando

P

ocas cosas nos enseñan más que la diversión. Sentir que todo es un juego, y que tenemos cierta autonomía sobre las preferencias para completar el mismo. Saber que encontramos los límites por cuenta propia, y en otras veces, gracias a la dirección de una persona a cargo.

La primera vez que vi television fue allá por 1961, de noche y parado en una vereda, mirando a través de la vidriera del principal negocio que por entonces había en Gálvez, Santa Fe, para la venta de televisores. Esto era posible siempre y cuando hubiera buena propagación atmosférica, ya que la transmisión de la señal dependía de ello.  

Cabe aclarar que ver televisión era una experiencia mucho más tranquila que la actual, y que su factibilidad se daba por avances tecnológicos que para la época eran sorprendentes.

Yo me encontraba cursando segundo grado, y poder ver este avance suscitó en mí una curiosidad enorme, más que nada por querer aprender más sobre lo que estaba detrás de esa pantalla con tubo de rayos catódicos de 90 grados.  Por observar y comprender los adentros de estos circuitos, zócalos, válvulas y cables que traían increíbles imágenes.

Publicidad de Philco en 1960 que hacía énfasis en un chasis que disipaba el calor, para evitar que deje de funcionar por sobrecalentamiento.

Era tal el entusiasmo que despertaba la televisión que uno de los socios de ese negocio que vendía TVs, Don Aníbal Mazzucchelli (incansable trabajador en el gremio), fue quien me indujo a comenzar el proceso de desarmar y rearmar componentes electrónicos para comprender su funcionamiento. Habría notado mi entusiasmo al hacerle montones de preguntas molestas sobre los TVs que comercializaba.

Primero pude armar una radio con circuito sobre tiras de puentes y luego un amplificador de audio transistorizado, montado sobre una placa de pertinax perforado. Pasaron algunos años hasta que logré comprarme el primer libro de TV de Algarra y Rodriguez, y así pude lograr que Don Aníbal me deje tocar algún televisor viejo.

Este libro era para mí la fuente de comprensión de algo que me apasionaba y que suponía una fuerte complejidad.

Creo que eso sucedió por 1967, cuando cursaba el segundo año del industrial. Ya habían comenzado a transmitir los canales de Rosario y Santa Fe, y entonces no había que esperar hasta la noche para poder ver algo detrás de la habitual lluvia, que por momentos tapaba la imagen. Debí arruinar muchos transistores y otros componentes varios hasta aprender las nociones básicas. Años más tarde cuando completé el secundario, y luego de leer y estudiar varios circuitos, me lancé a reparar los primeros televisores valvulares.

Recuerdo que estando en el servicio militar, quise hacerme “el técnico” con el televisor del Teniente Coronel del Distrito Militar, que tenía pinchado el lazo de alta tensión. En un día muy húmedo, al sacar el chupete del ánodo del tubo de rayos catódicos, me sentó de una patada que me dejó doliendo el brazo durante dos días. Me lo aguanté, no dije nada y continué con la tarea hasta dejarlo andando impecable. Que alegría! Me sentía Gardel y Lepera juntos!

Así continué aprendiendo hasta llegar a fines del  ́77 cuando logré uno de mis más ansiados propósitos, que fue conseguir la designación de Service Oficial de Philips, para reparar TVs y prestar servicios vinculados bajo representación de esa marca Holandesa. Esto me permitió participar de todos los cursos de TV color que por esa época eran dictados por un técnico traído de Holanda, quien deslumbraba por su capacidad y simpleza. No había en Argentina mucho expertise de los avances tecnológicos de Philips en ese momento. Esto era en las vísperas del mundial  ́78.

Daniel Passarella levantando la Copa del Mundo tras ganar 3-1 ante Holanda. Una época negra para la sociedad Argentina, pero tecnológicamente, como todos los mundiales, existieron mejoras para la transmisión de TV.
Pero todo ha cambiado mucho desde entonces y esa ingeniería que permitió una diferencia tan grande en las comunicaciones, basada en chasis complejos, hoy está mejor expresada en sistemas informáticos que requieren de programación para continuar generando valor a una escala global. Comprender cómo funciona esto es poder pensar en la forma que más afecta nuestras vidas, más allá de querer o no poner estos conocimientos en práctica en el mundo laboral.

Este solía ser el razonamiento detrás de ofrecer clases de matemáticas en establecimientos educativos. La diferencia es que si uno quisiera aplicar esos conocimientos directamente en el mundo laboral, las opciones serían cada vez más específicas y reducidas. La motivación principal para enviar alumnos a unas Olimpíadas de Matemáticas era la del prestigio de la institución, clave en obtener luego el visto bueno político o los presupuestos necesarios para mejorar su desarrollo.

En cambio hoy la motivación debería pasar por integrar a futuras generaciones a un idioma que hablamos cada vez más en el mundo, con sus distintos “dialectos” que son los lenguajes de programación. Por esto, Holberton es un proyecto piloto de enseñanza de programación para niños que cursan el segundo grado de escolaridad primaria, con edades de entre 7 a 8 años, sin costo alguno para los participantes.

Pocas veces en mi camino de emprendedor sentí que un proyecto me entusiasmara como este, quizás por recordar la motivación que antes había generado en Mariano (hijo menor que hoy preside Interlink) el disponer de una PC conectada a Internet cuando aún era un niño, allá por mediados de los noventa y quién me sembró la idea de crear Holberton.

Comenzamos a principios del pasado año comprando los primeros diez kits Kano, un innovador equipo de informática transparente que los chicos empiezan por armar y hacer funcionar cuando inician el curso. Kano es un equipo diseñado para que los niños aprendan jugando, con simpleza e incremento de dificultad, algo que los apasiona.

El armado y configuración es el primer paso. Luego se usan comandos para programar creaciones como dibujos y animaciones, algo que estimula la creatividad al mismo tiempo que los prepara para entender lenguajes de programación que hoy se utilizan en el mundo laboral.

Por tratarse de un proyecto extra-curricular se orientó la búsqueda de un espacio físico distinto de los establecimientos de educación formal y enseguida pensé en la Biblioteca Popular, aquella misma donde tantas veces acudí en el nivel primario y secundario para conseguir la información que me ayudaría a completar tareas y trabajos prácticos. Gratificante fue   comprobar como rápidamente Edit Candelero, quien preside la Biblioteca, se sumó a la idea y no tardó en conseguir la aprobación de la comisión directiva para comenzar.

Después tomamos contacto con Belén Cortese, una laboriosa docente de primario y secundario, profesora de computación, quién tampoco tardó en sumarse al proyecto. Contando ya con los kits, el lugar físico y la docente, solo restaba difundir la idea y conseguir los alumnos. Gracias al apoyo de varias instituciones y empresas que se sumaron para ayudar, logramos iniciar   la primera experiencia con excelentes resultados.

Para las siguientes tandas de capacitación nos vimos excedidos ante la cantidad de pedidos de registraciones de alumnos. Gracias al apoyo del Municipio local pudimos contar con el aporte de los honorarios adicionales para que la docente dicte otra clase a otros 10 niños, seleccionados por un sorteo ante escribano público, dentro del grupo que había quedado fuera de la primera convocatoria.

A fines del año pasado se completó el primer curso que duró un cuatrimestre y lo completaron 18 participantes de los 20 iniciales. Los chicos cerraron el año con una clase mostrando  a   sus padres lo aprendido y luego se les entregó un diploma y un obsequio en reconocimiento por haber participado.

Los alumnos prueban diferentes técnicas con la asistencia de la profesora Belén Cortese, para sortear distintas unidades (niveles), que incrementalmente requieren de mayores conocimientos para completar.

En este segundo año (2019) agregamos cuatro nuevos kits y un nuevo cargador múltiple de baterías. Gracias a esto contamos con 28 nuevos alumnos que cursan el primer nivel, además de los 18 iniciales que ahora cursan el segundo nivel. De este modo tendremos 46 alumnos que algún día posiblemente serán programadores, o podrán al menos comprender y editar código, algo tan esencial en el futuro próximo como lo es hoy poder trabajar con aplicaciones de hojas de cálculo o edición de texto.

Por tanto, deseamos fervientemente que muy pronto el Ministerio de Educación de nuestra provincia adhiera al compromiso del Consejo Federal de Educación y suscriba la resolución 343/18 mediante la cual se comprometan a avanzar en un plan de educación digital, de forma tal que la programación y la robótica sean materias obligatorias. Así Holberton pueda   evolucionar desde la experiencia piloto hacia el entorno del programa Aprender Conectados, lo que nos pondría de forma transversal en la currícula o como materias individuales de la educación formal.

Necesitamos hacer esto y alentar a otras iniciativas en más localidades, para poder contribuir a la calidad de educación y un futuro con mayores opciones de prosperidad para las futuras generaciones.

Si podemos lograr que Holberton sea un esfuerzo más grande, seguramente podamos proveer una experiencia que quedará en la memoria de estos niños, como un juego que les dio las primeras herramientas para crecer con una mirada puesta hacia los nuevos desafíos tecnológicos. Empleando ideas vinculadas a las habilidades con las que les tocará desenvolverse y   que seguramente serán determinantes en su apasionante futuro.

-Raúl Malisani

Holberton